El Espacio para ideas breves, más ajenas que propias. No prefiere la verborrea individual de seres prescindibles; no obstante, espera opiniones (breves)valiosas.

Tuesday, January 02, 2007


No nos avergüenza decir que la literatura es nuestro oficio y nuestra pasión. Cierto, la literatura no salva al mundo; al menos, lo hace visible: lo representa o, mejor dicho, lo presenta. A veces, también, lo transfigura; y otras, lo trasciende. La presentación de la realidad incluye casi siempre su crítica. Gibbon decía: “Todo
lo que los hombres han sido, todo lo que ha creado su genio, todo lo que su razón ha ponderado, todas esas obras que se acumulan en nuestras ciudades -todo eso ha sido hecho por la crítica”. Tal vez el gran historiador exageraba. No demasiado: un pueblo sin poesía es un pueblo sin alma, una nación sin crítica es una nación ciega.
O. Paz

Thursday, July 27, 2006

¡Preocúpate de lo tuyo!


Eros se deja dar por el culo, Lino la mama: Olo, ¿qué te importa a ti qué hace
éste o aquél con su propio pellejo? Cien mil por polvo paga Matón: Olo, ¿a ti qué? No
por eso te empobrecerás tú, sino Matón. Sertorio está cenando hasta el amanecer: Olo,
¿a ti qué, pudiendo tú roncar toda la noche? Setecientos mil le debe Lupo a Tito: Olo,
¿a ti qué? No des ni prestes un céntimo a Lupo. Disimulas lo que te atañe, Olo, y lo
que más conviene que sea motivo de tu preocupación. Estás entrampado por tu pobre
toga: esto te atañe, Olo. Nadie te presta ya un cuadrante1235: también esto. Tienes por
esposa una adúltera: esto te atañe, Olo. Reclama ya su dote tu hija casadera: también
esto. Quince veces podría decir lo que te atañe; pero lo que tú hagas a mí no me
importa, Olo, nada.

Marco Valeri0 Marcial. Romano de Calatayud, apadrinó en el Gran Tiempo a Gracián. ¡Salve!
Fv.

Friday, March 10, 2006

Mujeres indómitas y el Hades de la tristeza en Lhasa


Hace algunos años comencé la redacción de un artículo sobre algunas cantantes que me parecían “indómitas”, mujeres inconmensurables. Su destino eran las páginas salvajes de una revista que, como Dada, y tantas otras cosas en la vida, desapareció rápidamente. La manera de interpretar las canciones y de enfrentar la escena operística, del pop o del rock resultaba para mí algo insólito. Y al paso de los años, mi apreciación de algunas de esas mujeres no ha cambiado. Y la lista, mi lista, ha crecido, como todo lo vivo.
Algunas artistas, que desde mi subjetividad son indomables, van del ámbito del pop o el rock, como Laurie Anderson, Siouxsie con sus Banshees o con sus Creatures o la misma Björk desde Sugar Cubes; o desde la trinchera de la interpretación más regional o incluso del rock, pero con un énfasis en la voz “educada”, como Sainkho Namtchylak o Diamanda Galas, respectivamente; al espacio de la música educada aunque de vanguardia, como Meredith Monk. Y más recientemente, que exceden el tiempo de aquella primera intención de artículo, ubico a Lila Downs y Cecilia Bartoli. (Cierto, lector, mis mujeres salvajes en la música provienen de muy diversas coordenadas.)
En este contexto de mi universo personal se encuentra Lhasa de Sela.
Hablar de todas ellas en este espacio es un despropósito. Las nombro en vano para tener de donde asirme, ya que Lhasa comparte, con ellas, del tiempo la fugacidad y del espacio la ubicuidad. Sus letras íntimas y melancólicas, al ser interpretadas y escuchadas, en electrónico o en vivo, refieren a un mundo que creímos perdido, tal vez no irremediablemente, aunque sí extraviado. Su voz está en nuestros arquetipos: en las Sirenas de Homero: en nuestros miedos.
Su temperamento melancólico nos lanza a la infancia: a la de ella y a la nuestra, curiosamente, aunque nuestros pasados no tengan nada en común, excepto quizá cierta desazón primaria y el peso del tiempo en nuestra historia personal. Decir que su melancolía es auténtica es mentir y creerse esa mentira no basta. Lhasa es la melancolía misma, al menos en sus canciones, al menos en la manera de interpretar esas canciones. No es voz ni personalidad: es interpretación.
Un factor para que Lhasa sea ella misma es la lengua. Las lenguas de sus canciones. No necesariamente los idiomas, sino su manera de asumir las lenguas castellana, inglesa y francesa. Desde el primer momento, desde ese instante en que se muere, diría el doctor Farabeuf, ni antes ni después, desde ese momento en que su voz penetra y transforma a la electrónica y llega al caracol que tenemos por oído, desde ese instante nuestra alma muere y se transfigura. Si se le escucha, no hay manera de evitarlo, de evitarla. Lhasa es arquetípica. Nos recuerda algo que no precisamos y que ya olvidamos, y que nos constituye.
El habla de sus canciones parece ser aprendida recientemente. No es necesario ser un hablante del perfecto francés, inglés o castellano para saber, al escucharla, que las tres lenguas le son ajenas y que ella pertenece a todas. Su pronunciación es inexacta, sus sílabas son inadecuadas y su métrica no responde a ninguna tradición. No obstante, por hablar sólo del caso del español, pareciera que nos conoce, que ella misma es mexicana. Y lo es, sin duda, pero lo es siendo extranjera. Siendo otra, de otro lado.
Lhasa es extranjera. Nos es ajena. Nos sorprende su inmaculada presencia que carece, al mismo tiempo, de cualquier cosa que remita a lo celestial. Lhasa es terrenal y antigua. Lo he leído de las notas alrededor de su presentación la semana pasada en mi ciudad: parece que la conocemos de antaño, de toda la vida, de la suya y de la nuestra. Si algún símil da una idea de ella es la de La Mujer Caída. Que sufre. Que goza. Que hace trampa. Que encanta. Lhasa es formidable: aterra, y el miedo es pánico, íntimo e injustificado.
No importa que su melancolía sea el fruto de su vida. Bien pudo imaginarlo todo. Importa que su tristeza sea atávica e irremediable, como irremediable es cierto tipo de esperanza y de terror.
Lhasa es una cantante indómita. No la concibo concediendo. No tendrá esa oportunidad. Ella es una artista de la interpretación y no me cansaré de decirlo: Lhasa transcribe su alma, la escribe en canciones y luego las lanza mediante su voz de entraña al público, sin pudor.
Y canciones como “J’arrive à la Ville” permite imaginar. Imagino que de alguna manera imprecisa surco el aire turbio de un circo bajo el cuidado de unas alas de un ángel humano que se acurrucan, a metros del suelo al que pertenecen, y que no obstante me protegen. Sé del sentimiento de desamor de ese ángel; sé de su tristeza, del desdoro de su temprana madurez; sé que no pertenezco a ese espacio doloroso; y no obstante la tristeza, sé que somos uno solo. Llego a mi vida, a mi ciudad de imposibles. Entonces, mientras imagino el viento sobre mi cabello y mis mejillas y mi miedo a las caídas más que a las alturas, “J’arrive a la Ville” se transfigura poco a poco en el susurro de algo indefinido, la melodía se diluye en otra tonada, en otro susurro… es de “The Carny”, de Nick Cave. Y así, bajo la mirada incrédula de quien les cuenta ve a dos almas ceñirse.
Lhasa, por otro lado, encarna sin duda el espíritu de nuestro joven milenio. Su cultura es una cultura del mundo. Las lenguas que la circundan son más que eso; como todos sabemos, las lenguas son las culturas que las forjaron. Quizá por eso, ella es, insisto, una extranjera desde donde se mire, donde se pare. Y esta condición la emparenta con Lila Downs, por ejemplo, más cercana a nosotros, o con la propia Sainkho que, para no ir más lejos en su geografía personal, gestó Out of Tuva, álbum personalísimo, álbum nómada, anclado sin embargo a otras tradiciones, y a la novedosa tecnología.
Lhasa de Sela es una mujer, una intérprete de su propio arte, una cantante primigenia que, tengo la certeza, no dejará de seducirnos e invitarnos al origen trágico de los cantos que, como los de Orfeo, transitan por el inconmensurable Hades de la tristeza.

Discografía de Lhasa de Sela: La llorona y The Living Road.

Tuesday, February 21, 2006

Disfuncionalidades nacionales


¡Qué país!: El pan está duro, las galletas blandas, las gomas manchan y en las pelis pornos al actor se le arruga cuando le toca entrar.
F. Arrabal

Monday, January 30, 2006

Contra los blogs


Desde hace algunos meses, seguramente desde que inicié este errático medio de difusión, comencé a percatarme de la fuerte y sólida presencia de los blogs entre quienes tienen algo que decir, y no encuentran otro medio para decirlo, y quienes creen que tienen ideas e inundan internet con los relatos de sus mínimas vidas intrascendentes, por decirlo con un eufemismo.
Los blogs (en su mayoría) son a los jóvenes "universitarios", escritores sin publicar, gente de los medios, oenegeros y un lago etcétera, lo que "Laura de América" es a las sirvientas y albañiles (con su perdón) de nuestro continente: ninguna idea, pocas recomendaciones valiosas (agradezco a quienes sí lo hacen), mucho de anécdota trasnochada sin un mínimo de pudor y carente de prudencia. Lo que brilla es la miseria de sus vidas y sus mentes, el estiércol y sus batidas individualidades, las excrecencias de sus espíritus que deberían ser anónimas y anónimos.
La "democracia" de los blogs ha servido para que muchos analfabetas con acceso a la tecnología de la información, con carreras universitarias en muchos casos, viertan sobre la pantalla sus miserias: "publican" lo que sus pequeñas almas creen saber. "Un tonto educado es más tonto que uno ignorante" ha dicho Molière. Aunque repugnante, un admirador de la "señorita Laura" es menos indigno que muchos escritores instantáneos que no sólo carecen de una mínima idea de la gramática y la sintaxis (de la argumentación mejor ni hablamos), sino que no tienen la más peregrina idea de lo que es la responsabilidad de utilizar el espacio de cualquier medio de comunicación.
Y finalmente, no es infrecuente leer estupideces mal dichas, exabruptos pedantes, quejas y lloriqueos que a nadie, a nadie de verdad, le importan. Y por si fuera poco, la imprudencia: he leído “hablar” mal de alguien sin que se sepa si ese alguien lo lee; y lo peor de todo es que quizá no les importa. El cinismo sin gracias, el cinismo desgraciado firma su carta de naturalidad en los blogs.
Como bien anota Derrida, no es posible discutir el lenguaje fuera del sistema del lenguaje, así, lo mejor es debatir sobre los blogs, su uso y abuso, en un blog.
Fv.

Monday, October 10, 2005

Cansados días de fin de año

En las próximas semanas, las que están por el resto del año comprendidas, nuestros destinos editoriales al Quijote se asemejarán. El trabajo arduo, las horas incansables y los fines de proyectos inalcanzables se manifestarán en nuestros rostros, fatigados.

"En resolución, él [don Quijote] se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo." Miguel de Cervantes en su Ingenioso hidalgo de 1605.

Aunque espero que nuestros sesos no cesen sus más requeridas funciones. Amen.

Francisco Vásquez

Tuesday, September 20, 2005

Juan García Ponce: trío de aforismos con pintura*

Pintura: Escala I. Manuel Felguérez

"Como todas las frases ingeniosas,
puede decirse fácilmente
que la pintura es silencio.
No es tan fácil explicar
por qué entonces, al callar,
el silencio de la pintura habla."

***
"Continuamente
nos exigimos
ir más allá,
pero lo que todos
queremos
es quedarnos acá."

***
"Es fácil
poner en duda
o invertir el sentido
de cualquier afirmación,
pero para eso
es indispensable
la afirmación inicial."

*Aforismo: sentencia breve, frecuentemente paradógica, que dice una verdad. Fv.
Juan García Ponce (1932-2003), autor de la novela El gato y el cuento "El gato", ha sido un lector atento de autores alemanes (Mann, Hesse, Musil (austriaco)) y un riquísimo crítico de arte (de pintura, sobre todo. Fue amigo entrañable de Manuel Felguérez y su hermano Franando García Ponce fue uno de los mejores pintores de su generación). De Confabulario (http://www.eluniversal.com.mx/graficos/confabulario/03-septiembre05.htm [Consulta: 20/09/05]) tomo este trío de agudos aforismos, del compañero de generación de Pacheco, Elizondo, Pitol.